Y si me embriago no es por cobarde
al contrario, me sobra valor,
aun puedo salir a la calle a buscar alcohol,
todavía no me encierro en mí mismo,
sigo siendo trotamundos, parrandero,
viajero errante, alocado y soñador.
Y si me embriago no es para olvidar,
de hecho lo hago para poderte ver,
me pierdo en la inmensidad de mi pequeño cuarto
en la profunda superficie del sillón
sueño, me vuelvo piloto y vuelo
creo que puedo tu cielo tocar
que traspaso la barrera del olvido,
que aterrizo en el angar de tu corazón
que me abres las puertas de tu alma
y caminas a mi encuentro
cubriendo mis hombros con colchas robadas al sol,
pues son nubes transparentes
y una guirnalda de siete estrellas
cae sobre mi pecho de algodón
pues no es nada fuerte, se debilita al oír tu voz.
Cada estrella es un día de la semana
y barbollan, pues se vuelven gotas de cristal,
luminosas y refulgentes y me haces beberlas
cayendo borracho a tus plantas sin tardar.
En ese momento me duermo y entonces... entonces no hay más
durmiendo en mi sueño es que despierto en la realidad
veo los cristales a mi alrededor
cuento contenidos en ellos cada uno de tus besos
pero ahora son solo botellas que me hicieron llorar
son los testigos de mi borrachera
y las abrazo con ternura, no lo pienso siquiera.
Escucho tu voz resonando en la cocina
cocinándome sueños y promesas sin cumplir,
preparando como postre una mentira
y el ambiente hule a embriagante y dulce traición
es entonces que me invade el coraje
y rompo las malditas botellas
tal como tú rompiste mi corazón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario